Un estudio científico revela los verdaderos orígenes del toro bravo
Un estudio científico revela los verdaderos orígenes del toro bravo
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No es tan autóctono como parece. Un estudio científico desvela que la reses españolas son un cruce entre los ejemplares domesticados en Oriente Próximo, las vacas salvajes locales y ejemplares del Norte de África
TEXTO: ESTER REQUENA / FOTO: PEDRO ARMESTRE. AFP / INFOGRAFÍA: SUR MÁLAGA/
DISTINTOS CRUCES. Los toros bravos actuales tienen su origen en las especies domesticadas en Oriente Próximo, que luego se fueron mezclando con uros locales y linajes africanos.
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EL ESTUDIO PUBLICADO EN 'PROCEEDINGS'
Título: 'The origin of European cattle: evidence from modern and ancient DNA' (El origen del ganado europeo: pruebas entre el ADN moderno y antiguo).
Muestra: Los especialistas han analizado más de mil secuencias de ADN mitocondrial de vacas actuales de 51 rebaños de toda Europa y del norte de África así como cinco esqueletos de uros datados entre hace 7.000 y 17.000 años hallados en Italia.
Investigadores: Un total de 27 especialistas europeos dirigidos por el profesor francés Albano Beja-Pereira, de la Universidad Joseph Fourier. Entre ellos se encuentran los investigadores Carles Lalueza-Fox (Universidad de Barcelona), Félix Goyache y Luis J. Royo (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Gijón) y Lourdes Sampietro y Jaume Bertranpetit (Universidad Pompeu Fabra).
Conclusiones: La investigación reconstruye el proceso de domesticación en Oriente Próximo de las vacas y los toros durante el Neolítico, hace unos 11.000 años, a partir de sus antepasados salvajes, los uros. Desde Oriente se extendieron por toda Europa, donde se mezclaron, principalmente en el Sur, con los rebaños de bóvidos locales o uros durante la expansión de la ramadería y la agricultura para lograr así una mejor adaptación climática de las especies. Asimismo, el estudio ha puesto de manifiesto que no sólo existieron estos cruces, sino que también hubo una mezcla con linajes del norte de África incluso antes de la ocupación musulmana. Fruto de todo ello son los actuales toros y vacas.
Publicación: El estudio fue publicado la semana pasada en la prestigiosa revista científica 'Proceedings', de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
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ES todo un símbolo en España. Es el eje central de la denominada fiesta nacional. Está presente por toda nuestra geografía e incluso en nuestras carreteras como Bien de Interés Cultural. El toro es una seña de identidad del país, sin embargo, no es una especie tan autóctona como se piensa. De hecho, es una mezcla de múltiples linajes y países, según desvela un estudio que publicó la semana pasada la revista 'Proceedings', de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Incluso muchos especialistas apuntan a que se le puede considerar como un animal hijo de la inmigración, pero en lugar de en los años 60, su evolución surgió de los movimientos humanos que se registraron durante el Neolítico.
Este nueva investigación destierra la hipótesis anterior de que el ganado vacuno se domesticó en Oriente Próximo hace 11.000 años y que de ahí se fue desplazando a Europa sin apenas cambios, a medida que los agricultores neolíticos se fueron extendiendo por todo el continente. Sin embargo, el proceso no fue tan sencillo como se creía hasta ahora, según explica el antropólogo y experto en ADN antiguo de la Universidad de Barcelona Carles Lalueza-Fox, uno de los participantes en el estudio dirigido por el especialista francés Albano Beja-Pereira, de la Universidad Joseph Fourier y en el que también han tomado parte los españoles Félix Goyache, Luis J. Royo, Lourdes Sampietro y Jaume Bertranpetit, entre otros expertos europeos.
Sobre todo en el sur
Y es que hasta ahora, la falta de datos genéticos no permitía conocer si hubo esa mezcla entre especies locales y las provenientes de Oriente. «Pero ahora las evidencias nos dicen que realmente esas vacas se domesticaron allí, aunque tras su llegada a Europa, especialmente al sur, se fueron combinando con los rebaños de bóvidos locales o uros -antepasados salvajes de las vacas y que desaparecieron del continente en el siglo XVII- seguramente para adaptarse a las condiciones climáticas locales, puesto que hemos hallado secuencias de ADN de los uros en las vacas actuales», detalla Lalueza-Fox.
Esto ocurrió principalmente en el sur de nuestro continente, «porque en el norte de Europa no se encuentran estas combinaciones en sus ADN, posiblemente porque las vacas ya habían sido seleccionadas y no requerían de esta adaptación climática», recuerda el especialista catalán.
Aún así, el toro actual no es sólo fruto del cruce entre los uros y las reses domesticadas. «En los ADN de las vacas de las penínsulas Ibérica e Itálica y de Los Balcanes hemos encontrado parte de linajes que provienen del norte de África, de ahí que hayamos deducido que en el Neolítico también existió una transferencia transmediterránea», puntualiza Lalueza-Fox. En algunos rebaños europeos esta proporción de genes provenientes de África es muy pequeña, aunque en algunos casos puede llegar casi al 50 por ciento del ADN de las reses actuales.
La novedad de esta transferencia es que ya existiera en el Neolítico y que también aparezcan estas secuencias en reses de la península Itálica y Los Balcanes. El cruce con el ganado africano se pensaba que sólo había existido en España, debido a la ocupación musulmana durante ocho siglos. Sin embargo, ahora se pone de manifiesto que estas mezclas fueron anteriores. «Al aparecer evidencias también en otros lugares donde no llegaron los árabes, se destierra esta hipótesis de que este intercambio tuvo lugar a partir del siglo VIII, y que ya hubo cruces en el Neolítico», recalca el antropólogo Lalueza-Fox.
Por tanto, según los resultados de esta investigación, no sólo hubo una expansión de agricultores desde Oriente Próximo hacia el norte y el oeste de Europa, sino migraciones desde el sur de nuestro continente al norte de África a través de distintos puntos del mar Mediterráneo, como el caso de la actual Gibraltar, o Sicilia.
Los resultados de este estudio científico conforman un panorama más complicado de lo que se creía. «Nuestra tesis es mucho más lógica que las hipótesis que se manejaban hasta este momento», sostiene el especialista de la Universidad de Barcelona. Además, estos datos también ayudan a elaborar propuestas más completas y cercanas de lo que realmente fue el Neolítico y cómo fue la colonización del continente europeo.
No tan típico
Así, después de estudiar la cabaña vacuna europea, el toro bravo proviene de los cruzamientos de las especies locales de uros -los antecedentes salvajes de las vacas-, con las especies domesticadas en el Próximo Oriente y los linajes que se desarrollaron en el norte de África. Esto destierra la idea de que el toro es un producto 'typical spanish', lo que ya ocurrió hace unos años con el asno catalán, cuyo origen también estaba en África hace unos 5.000 años.
«El toro y la vaca los podemos considerar animales autóctonos de nuestro país en cierto modo, pero hay que tener en cuenta que todos los animales que tenemos han sido domesticados normalmente en el Próximo Oriente y luego se han introducido en Europa. Son especies autóctonas, pero hasta cierto punto», enfatiza el científico.
De hecho, al nivel genético que se han estudiado las distintas muestras, el toro español es el mismo que existe en hoy en día en el resto del sur de Europa. No ocurre los mismo con la especie que existe en el norte, donde los uros encontrados no tenían similitudes genéticas con las reses actuales. «De esto se deduce que existían sistemas diferentes de tratamientos del ganado en ambas partes de Europa», desvela el investigador. Y también que el ganado bovino europeo no es tan uniforme como se creía.
Un completo análisis
El trabajo de investigación se ha basado en el análisis de más de mil secuencias de ADN mitocondrial de vacas actuales de 51 rebaños autóctonos de 10 países europeos y norteafricanos, así como la recuperación de ADN mitocondrial de cinco esqueletos de uros provenientes de Italia y datados entre hace 7.000 y 17.000 años, lo que ha permitido reconstruir la verdadera evolución de los toros y vacas actuales.
No obstante, aún queda una rama que se desprende de estos orígenes que se remontan hasta el proceso de domesticación que arrancó en Oriente Próximo y que se mezcló con los uros locales y los linajes norteafricanos. Hay que recordar que estas reses que se fueron modificando y creando durante el Neolítico en el sur de Europa, y concretamente en España, fueron los que luego los colonizadores españoles se llevaron a América en el siglo XVI para evitar que los indígenas entraran en sus tierras. Toda una evolución sólo comparable a la del hombre.
