Egoístas y consumistas
Luis Racionero
Cuando yo era joven nos autocalificábamos –con mucho optimismo- de idealistas, altruistas y comunistas (o de anarcos), ahora los jóvenes se declaran consumistas y egoístas, que piensan solo en el presente. Nosotros no conseguimos cambiar el mundo y los comunistas se extinguen, de modo que los jóvenes de hoy no pueden abrazar ideales utópicos y se concentran en el presente. ¿Quién podría culparles? Están en el aquí-ahora que la filosofía zen y los hipies recomendaban como receta de felicidad. Además sus tres prioridades son la familia, los amigos y la salud, actitud que se me antoja sensata.
Donde se pasan un pelín es en dedicar al ocio, ¡un 98% de ellos!, a música, televisión y copas. Si no leen o asisten a conferencias ¿donde adquirirán el criterio para emitir su voto o para participar en la sociedad civil? En la TV, por supuesto, y en sus familias, que también sacan la información de la tele. Yo a eso le llamaría preocupante. El informe se basa en 4000 encuestas a jóvenes de 15 a 24 años. Como es una fundación católica la que ha elaborado el trabajo, ahonda en la cuestión religiosa, y ahí, los resultados son sorprendentes: el porcentaje de jóvenes que se consideran católicos –al margen de si practican o no- era 77 % en 1999, ahora es 50%. En siete años se ha perdido un 27%, casi una tercera parte.
Hay un proceso de descristianización; un 10% se define católico practicante y 40% católico ocasional, pero la otra mitad son indiferentes, ateos, agnósticos o de otra religión. ¿Por qué? El informe lo atribuye a la impopular postura de la jerarquía eclesiástica en temas como los homosexuales y la libertad sexual. No me extraña, yo mismo sin ir más lejos me aparté de la iglesia cuando empecé a tener novia y tras confesarme de lo mismo varias semanas consecutivas: creí que lo lógico era dejar a la Una o a la otra, y dejé la iglesia, claro, porque la fuerza de la vida a los veinte años es irresistible. Al menos lo fue para mí. Entonces no habían medias tintas: ni siquiera el Papa había suprimido todavía las llamas del infierno. Todo esto sería una opción personal sin problemas si, para algunos, como yo mismo, para ir más lejos, no existiera lo que J.R. Jimenez llamaba "el inmortal anhelo", o sea, la fuerza de la vida espiritual, que no todos sienten pero que, si se manifiesta, requiere una salida. Y esa pasará por una religión o la práctica de algún tipo de meditación o contemplación que purifique el alma.
Puede ser que un 50% de los jóvenes no sientan en su vida una intuición de la espiritualidad, en cuyo caso no hay problema. Para que quienes la perciban reaparecerá la necesidad de un religión o algo similar. Y fíjense que a los jóvenes no les atrae la promesa de una vida después de la muerte, cosa que ofrece la religión cristiana, pues pese a prometerla, la desdeñan, lo cual es muy valiente por su parte. En eso les admiro y procuro imitarles.

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